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CERATI

“No puedo mirar hacia atrás”

“No puedo mirar hacia atrás”

 

Ahí vino. Tuvo una temporada cargada de consagraciones. Fue el año en que el público aprendió a aceptar a Cerati como ex Soda, y en el que él devolvió la gentileza al público editando un disco bien rockero. Cerati gira y da más vueltas en un año de números redondos... para él.

”Tengo que reconocer que el 2006 ha sido un año muy fructífero en cuanto a todo lo que pasó, pero especialmente en cuanto a premios. No estoy acostumbrado a recibir tanto premio... Además, en este caso es por los votos de mis colegas, por lo cual es doblemente halagador. (Piensa) ¡Buenísimo! Eso subraya más la importancia.” Gustavo Cerati no menciona el verbo “ganar”, pero este año no sólo se llevó con claridad el rubro “Disco Nacional del Año” en la encuesta del NO sino que apiló en su casa dos estatuillas de los Grammy latinos (más otra como productor de Shakira) y una de los MTV Awards. Además juntó millaje con su gira más importante como solista, que abarcó América latina, Estados Unidos y Europa. Y todo gracias a Ahí vamos, un disco en el que fue al reencuentro de la canción pop (que tanto le dio y a la que tanto dio) y de la guitarra como instrumento de cabecera. Por eso se habló mucho del “regreso de Cerati”, aunque el hombre no se haya ido a ninguna parte: si intentó otras formas, con mejor o peor suerte, siempre fue apegado a su espíritu de búsqueda.

“La gente tomó este disco como un regreso, más allá de que eso haya sido así o no”, reconoce el cantante. “Da la impresión de que, para cierto pensamiento exterior a mí, a veces la decisión de tomar por un camino u otro resulta de una mayor cercanía en cuanto a lo que esperan de uno. Pero lo que siento es que este supuesto regreso a las raíces es parte de lo mismo. Convivo con situaciones en las que hago música con instrumentos electrónicos, con situaciones más rockeras o con tocar con una sinfónica detrás. Pero no es que uno se transforma en otra persona o que ‘Uh, lo perdimos al pobre Gustavo entre las cadenas de la música abstracta (risas)’. No es así. Evidentemente, Ahí vamos tiene que ver, pero también el cosmos alrededor está positivamente confabulado en mi favor. Quizás este mismo disco en otra situación por ahí no produce lo mismo. Y eso es algo en lo que no puedo siquiera interferir. Lo que sí es cierto es que, como tiene un formato más clásico, para muchos es una especie de regreso. También podríamos verlo así si pensamos que otros discos como Siempre es hoy o Bocanada tenían desarrollos instrumentales y de composición más aleatorios o no tan clásicos. Lo acepto. Y tengo que reconocer que busqué una mayor sustancia pop en este disco, en cuanto a las estructuras de las canciones: tener buenos estribillos. Para lo que venía haciendo, me pareció un desafío, ¿eh? No fue un regreso para mí...”

 

—¿Te costaba volver a estas estructuras?

—No, pero digamos que estaba por otro lado. Cuando empezás a mirar las cosas desde el planeador, te das cuenta de que todo es más natural de lo que parece, de que no son movimientos tan abruptos. Después de todo, pasan dos o tres años entre disco y disco. Y en las actuaciones en vivo se ve esa metamorfosis. Antes de hacer Ahí vamos necesitaba rockear en vivo. Sentía que era la música que estaba escuchando, también, y estaba más por ese lado.

—En el primer Personal Fest, en el 2004, hiciste un show muy rockero.

—Sí, sí, estaba la necesidad de poner esa energía. Este fue un año de mucha salida de energía de mi parte y también de mucho contraste, porque tuve situaciones de salud medio complicadas. Tuve que salir adelante, curarme, pero también poner una energía muy potente en lo que estaba haciendo. Y eso le dio a todo este año un claroscuro más notable que en otras ocasiones. Quizá se me tildaba un poco de grisáceo en situaciones anteriores, a lo mejor con canciones más midtempo. Se hablaba un poco de eso... Igual, independientemente de lo que diga uno u otro, si no sos coherente con la energía que tenés, tarde o temprano lo pagás. Entonces, lo que estoy haciendo es disfrutar de algo sin ninguna hipocresía: siento que me merezco lo que me pasa porque puse mucho ahí. Y este reconocimiento por parte de colegas tiene que ver con lo que he cosechado en todos estos años, no es solamente un movimiento particular que haya hecho. Eso me parece buenísimo, porque en este mundillo hipócrita del rock, donde hay gente que a lo mejor me dice “a mí me gusta muchísimo lo que hacés, pero no puedo decirlo porque mi público se me pone en contra”, me parece importante que nos saquemos las caretas y digamos lo que pensamos. Hay tanto caretaje alrededor...

—¿Qué te hizo volver tan fuerte a la guitarra?

—Paso por situaciones medio de amor y odio... Me canso de ciertas formas y a veces tengo que cambiar de instrumento para que aparezcan las ideas. Por ejemplo, ahora con (Fernando) Samalea nos construimos unos vibráfonos y me paso el día tocándolos. Y se me ocurren un montón de ideas que con la guitarra no me saldrían. Pero la guitarra es lo más canchero que hay para hacer rock y yo quería hacer algo canchero. Pero no en el sentido de la cancha... El rock tiene que tener un poco de malabarismo y el instrumento con el que puedo hacer más ruido, disfrutar y bailar es la guitarra. Siempre estuvo colgada ahí, de una manera u otra, pero teniendo un soporte tan brutal como la banda que tengo... Es una verdadera banda canchera (risas). Disfruto muchísimo de tocar en vivo y hasta me ha costado meterme en este momento de vacaciones, por la arenga que teníamos con tan buenos shows y tan buen contacto con la gente.

—La calidad de la banda que armaste ha sido muy destacada.

—Es evidente que tuvo mucha importancia. Y esto sin ir en detrimento de ninguna de las que había tenido, porque si hay algo que me pasó desde la separación de Soda Stereo fue que prioricé la cuestión humana. La gente que me rodea es de una calidad emocional y humana muy importante. Eso me resulta muy importante porque estoy pasando mucho tiempo fuera de mi casa. Bah, no sé si tengo casa, a esta altura... (se ríe). Pero es importante tener compañeros de ruta así, que sean mis amigos. En todas las bandas me he sentido muy bien, pero en ésta hay algo de energía desbocada que tiene el hecho de tocar con dos guitarras, y nada menos que con Richard (Coleman).

—Leandro Fresco, que ya tocaba con vos, cambió de rol en tu banda: ahora parece ocupar un lugar como el de Brian Eno de los primeros discos de Roxy Music.

—Exacto. En un punto, Leandro es el músico más completo de los que están arriba del escenario, porque toca de todo: teclados, percusión, voces... Eso es buenísimo, tratándose de un músico que está generalmente asociado a la laptop y la música electrónica. En esencia, Leandro es un músico del carajo, aunque no toque un instrumento en particular como puedo hacerlo yo con la guitarra. Pero se diversifica de una forma en la que yo no podría hacerlo. Es también muy lindo ver la evolución de los músicos que vienen conmigo hace un tiempo. El caso de (Fernando) Nalé, por ejemplo, que es el bajista que me acompaña desde Bocanada para acá, y es una maravilla estar con él. Bueno, todo eso generó un reconocimiento de gente que fue a vernos y se le cayó la mandíbula. Y para mí es sentir que ése es un espacio que puedo ocupar. Tal vez en ese aspecto sí sea algo que recuperé...

—Mientras hacías el disco, ¿tenías la sensación de que iba a generar todo esto?

—Sí. Si hay algo por lo que se caracterizó este disco, y por eso también se llama así —a pesar de que no es el título más sensible que se me ha ocurrido—, es que expresa lo más cercano a la sensación que teníamos mientras estábamos haciéndolo. La sensación de “salgamos a tocar esto ya, que nos vamos a divertir” era continua. Fue una grabación que se disfrutó también desde ese lugar, pensando en lo que iba a pasar después. Desde el punto de vista de la respuesta de la gente, también tenía la sensación de que iba a ser adoptado más rápidamente por tener estructuras más clásicas. Pero, más allá de eso, creo que cayó en el momento justo. Además, el que escuchó el disco quería escucharlo en vivo. Fue importante tocar en todos los lugares donde tocamos. Hacía mucho tiempo que no tocaba tanto en la Argentina. Y Ahí vamos también me llevó por lugares donde nunca había ido, como el caso de Londres.

—Nada menos.

—Claro. Y en una situación muy exitosa, porque uno puede ir a Londres a tocar en un festival argentino y está todo bien, pero llenar un antro (The Forum) en competencia directa con todas las bandas que pasan por esa ciudad, teniendo en cuenta que se trata de Londres, fue muy bueno porque nunca había ocurrido.

—Tweety González, que coprodujo Ahí vamos con vos, eligió como frase del año una que él dijo en febrero: “Hasta el Grammy no paramos”.

—(Se ríe) Es verdad que dijo eso. Lamentablemente no televisaron la entrega particular de mi premio, pero la primera persona a la que se lo dediqué fue a Tweety. Cuando estábamos haciendo Crimen, yo pensaba dejarlo afuera, y Tweety dijo: “Con este tema vamos a ganar el Grammy”. Esto lo digo para valorar a Tweety como productor y también por su visión.

—¿Cómo será el 2007 para vos?

—En enero tenemos algunas actuaciones en Mar del Plata, Punta del Este y en Viña del Mar. Ese show es algo significativo, porque Soda Stereo empezó su diseminación latinoamericana a partir de ese festival. Es un festival del que, naturalmente, no me gusta todo lo que pasa por ahí, pero después de haber visto a Police, ¿de qué estamos hablando? Si estuvo Police, ¿cómo no vamos a ir? Me parece divertido tocar ahí. Y después seguiremos por el interior del país, algunas cosas en Centroamérica y por ahí hacemos una segunda vuelta por algunos lados. De todos modos, me gustaría empezar a grabar otras cosas. El año próximo no va a ser la locura de gira de este año, porque tengo ganas de componer y de empezar a juntar material, más allá de que al disco todavía le quede paño.

—La pregunta apuntaba también a que en septiembre se van a cumplir diez años de la separación de Soda Stereo. ¿Qué te provoca eso?

—Lo que me provoca es una locura: diez años no es nada, entonces. Y también es mucho... Siento que este año la gente, especialmente en la Argentina, empezó a soltarme más de lo que significó Soda Stereo. Obviamente, sé que nunca voy a estar suelto del todo y lo dije antes de que nos separáramos: siempre voy a ser un ex Soda. Pero es la primera vez que siento que se aceptó a nivel más popular. Bueno, pasaron diez años y unos discos... Y me parece que tengo una actitud más desprejuiciada, menos cargada de emociones contradictorias, porque el tiempo va limando las cosas. Nos hemos acercado con Zeta y Charly; nos hemos visto varias veces. No es que estuviéramos peleados, pero me siento más tranquilo con respecto a eso, con menos resentimientos. Y es lindo ver que ellos también están haciendo sus propios proyectos: Charly con su grupo, Zeta tocando con Catupecu. Verlos en acción, haciendo música, también es interesante para mí, porque prácticamente era el único que estaba en eso. No sé, nos encuentra mucho menos cargados de sinsabores y teniendo más recuerdos lindos.

—En tus conciertos previos a Ahí vamos, cada vez que hacías un tema de Soda todo el mundo cantaba “volveremo’ a ver a Soda”. Este año apenas si sonaron esos cantos.

—Es verdad. Incluso, es divertido, porque había veces que escuchaba “volveremo’ a ver a Soda” dicho por chicos que ni por puta podían haber estado en un show de Soda, ni siquiera en el último. Pero también está bueno que la gente acepte esa realidad y que no mire todo el tiempo hacia atrás. Me alegro de que todo empiece a convivir armoniosamente. Aunque, la verdad, incluso cuando me pesaba, hacía temas de Soda Stereo porque son mis canciones.

—Obviamente, el aniversario con número redondo genera rumores desproporcionados...

—Imaginate, si los generaba el número “cuadrado” (risas)... Eso va a estar todo el tiempo y quizá recrudezca con el tema de que se cumplen diez años. Pero no es algo que tuviera pensado. A mí no me gusta mucho saber que son diez años, me da la sensación de que pasó demasiado rápido todo. No cambia nada, sigo diciendo lo mismo que dije siempre: si alguna vez existe la posibilidad de que se dé un reencuentro, será porque nace naturalmente de nosotros. Puede ser que necesitemos de algún empujón o lo que sea, pero también tenemos que tener el cosmos a nuestro favor. De ninguna manera me permitiría entrar en una cuestión patética con esto. La verdad, tengo que reconocer que soy una persona cero nostalgiosa, con todo lo que eso significa para muchos fans del grupo. No es que no tenga memoria, pero no puedo mirar mucho para atrás. No se me caen las lágrimas, estoy siempre parado en el hoy y mirando hacia adelante, lo cual tampoco es tan bueno. Si existe algún tipo de encuentro, ocurrirá porque tiene que ocurrir, pero está lejísimo todavía.

—¿Podría darse la situación de que Soda Stereo no signifique para vos mirar hacia atrás sino hacia adelante?

—No puedo descartar absolutamente nada y menos en un mundo que se contradice todo el tiempo, pero si soy franco con esto, no lo veo. Artísticamente, me interesa mucho más dónde estoy parado en este momento y hacia dónde apunto que resucitar cosas o pensar en si sería posible. Pero tampoco puedo descartarlo. No sé adónde pueden llevarnos las vueltas de la vida. Lo que sí, ya no estoy con esa respuesta hasta agresiva mía de después de terminar una relación. Cuando uno se separa, lo que quiere es separarse de verdad, porque si no, no te separás nunca. Y ya no tengo esa sensación, no es que estoy luchando con eso. Entonces, ya reconciliado con eso, las posibilidades de que alguna vez ocurra algo son mejores. Pero primero está todo lo que estoy haciendo y me parece más importante, porque no puedo mirar para atrás.

 

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